SEÑALÉTICA y PICTOGRAMAS


La señalética es una actividad perteneciente al diseño gráfico que estudia y desarrolla un sistema de comunicación visual sintetizado en un conjunto de señales o símbolos que cumplen la función de guiar, orientar u organizar a una persona o conjunto de personas en aquellos puntos del espacio que planteen dilemas de comportamiento, como por ejemplo dentro de una gran superficie (centros comerciales, fábricas, polígonos industriales, parques tecnológicos, aeropuertos, etcétera).
El diseño de la señalética empieza con el estudio de planos de planta de la gran superficie (de caminerías, recorridos o circulaciones planteadas); pasa por la presentación de la nueva y óptima organización de estas circulaciones y termina en el diseño de símbolos gráficos sintéticos y de fácil comprensión para guiar a la gente o vehículos por estas grandes superficies. Los símbolos diseñados variarán según si son para una señalización interna o externa, si es para guiar transeúntes o para guiar vehículos. En las empresas, normalmente estos símbolos siguen los lineamientos de la identidad visual corporativa (colores, estilo, geometrías, tipografía, etc. propios de la empresa) o bien pueden contener el distintivo visual (logotipo o marca) de la empresa dentro de cada señal o rótulo.
A menudo, la señalética se resuelve mediante pictogramas. Un pictograma es un signo que representa esquemáticamente un símbolo, objeto real o figura.

En la actualidad es entendido como un signo claro y esquemático que sintetiza un mensaje sobrepasando la barrera del lenguaje; con el objetivo de informar y/o señalizar.










Fuente: Wikipedia y Google

TIPOS DE SIGNO: ICONOS, INDICIOS Y SÍMBOLOS


Una clásica  clasificación de los signos los divide en tres tipos, según la relación que tengan con la cosa que representan: iconos, indicios y símbolos.
Los iconos son signos que se parecen de una forma u otra a lo representado. Un retrato, por ejemplo, es un icono de la persona retratada.





Los indicios,tienen una relación de contigüidad con los objetos que representan: si hay un indicio, necesariamente está lo representado. Por ejemplo, la fiebre es un indicio de enfermedad; el humo es un indicio del fuego; el ruido dentro de una casa es un indicio de que hay alguien.
Estos dos tipos de signos han servido a la humanidad de forma incalculable para la comunicación y la resolución de distintos problemas. Sin la fiebre, uno podría no darse cuenta de que está enfermo y perdería la sana costumbre de visitar al médico. Sin el humo, perecería mucha más gente abrasada por los incendios.




Sin embargo, el símbolo es el signo que más ha servido a la humanidad. La relación entre el símbolo y su referente es convencional. Esto quiere decir que es artificial: un símbolo ni se parece a la cosa representada (como el icono) ni guarda ninguna relación necesaria con ella (como el indicio). Esto es, a la vez, una ventaja y un inconveniente. ¿Cómo podríamos representar términos abstractos, como la paz? La paz no se parece a nada, y no guarda una relación de necesidad con nada, así que no podríamos comunicar a nadie la idea si no tuviésemos símbolos, como el dibujo de una paloma blanca, o la misma palabra «paz» (todas las palabras son símbolos). Pero esta impresionante capacidad semántica de los símbolos tiene su lado negativo: dado que la relación entre ellos y su referente no es lógica, sino pactada, para que un símbolo sea eficaz es imprescindible aprenderlo. Quien no hable castellano no sabe a qué nos referimos cuando decimos «paz» (o, lo que es peor, puede identificar el sonido con una palabra de otro idioma). Un niño que no sepa que la paloma blanca representa ese concepto concreto, verá en su dibujo un simple animal sin ninguna connotación.
Es por ello, además, que hay símbolos cuya forma es idéntica, pero cuyo significado difiere totalmente según la cultura donde se realicen. El color negro, en nuestra cultura, representa la tristeza y el luto en las prendas de vestir, pero en gran parte de oriente el mismo concepto se representa con el color blanco. Así que los símbolos pagan su inabarcable capacidad significativa con el pequeño inconveniente de tener que aprenderlos. Y esto, además, tiene la consecuencia citada: que el mismo símbolo, para una persona de otra cultura, puede significar algo distinto, o, en muchos casos, no significar nada.







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